JesúsR's profileDe todo un poco... drako...PhotosBlogLists Tools Help
    December 29

    Explicándome a mí mismo...


    Caminando, camino de casa de mis padres, el sentimiento de estar fuera de lugar me embarga. Y es que, con mi cara de chaval educado y bien criado, y el rostro poco curtido y (sí, lo admito) de apariencia más joven de la real, engaño. Cierto, engaño.

    Paseando por la calle, con unos auriculares inundandome de notas los oidos, me situo en un punto bastante diferente del que pudiera aparentar. Me siento entre la preocupación, el cargo de conciencia y la injusticia, el victimismo, el mal hacer y los malos (que no buenos) días. Me encuentro con la mala sangre bajo un brazo, y en el otro, por compensar, el poco orgullo del que quiere ser al menos educado.

    Que cada día se hace una cuesta arriba que no tienes muy claro donde termina, no es una novedad. Y que cada cómoda recta se encamina, inexorablemente a otra curva y cuesta, tampoco es una novedad clara. Y bajar cuestas, ya se sabe: tarde o temprano, se suben.

    El caso, es que mi exageración siempre es clara: no tengo mala sangre, sólo motivos por los que quejarme, razones por las que callarme y olvidos que ocultar.

    Gracias a todo aquel que me comprenda. Gracias a todo aquel que me reprenda.


    JesúsRPeinado
    December 23

    Dolorido


    Hoy

    Ayer

    Siempre

    Me sangran los labios.

    del  viento

    de la huída

    del  arrastre

    del suspense

    de los golpes

    del resguardo

    de la desilusión

    de las sorpresas

    de  las  rutinas

    de los fríos

    del adiós

    de tí




    "Me cansa no hallarte
    en cada palabra" *



    _________________________________



    Que el miedo a perderte no es más
     que un puñal clavando junto a mi pecho
    y una pared

    Jesús R Peinado

    *  de FranFernandez, "Si te he visto"
    December 22

    "El golpe en la puerta me despertó"

    Parte de la iniciativa
    CuentaCuentos




    El golpe de la puerta me despertó y acerté, velado por la somnoliencia, a ver tu silueta desnudándose. Vislumbré en la oscuridad taimada por la luz callejera, tu semblante serio, preocupado, con el gesto adusto y la mirada perdida, grave y sincera. Observé, desde el silencio, como la camisa se deslizaba, una vez desabrochada, hasta el suelo y acariciando cada una de tus formas de mujer. Noté como tus manos tanteaban buscando el filo de las sábanas, que en tu lado de la cama estaban aún sin deshacer.

    Llevabas al menos tres días sin aparecer, incomunicada Dios sabe dónde, y fuera de todo aviso. Simplemente, desaparecida de todo contacto, enmudecida en algún lugar sin dirección, condenándome a tu ausencia, a la soledad construída con los destrozos de un amor que ambos sabíamos despistado de su pretensión. Que donde pretendiamos amarnos, nos odiabamos. Y donde debíamos facilitarnos la vida, suavizando las asperezas, nos arañabamos los costados casi sin darnos cuenta.

    Después de tres días sin noticias, tres diás de locura, tres noches sin dormir y tres días sin descansar, moverme se me hacía imposible, adormilado por la pastilla que en ayunas y con ayuda de agua ingerí algunos minutos antes. Abrir la boca y no poder emitir gemido alguno. Ni tan siquiera mover un dedo y levantar para pedir la palabra en aquella conversación sin palabras. Jamás conoceré una impotencia mayor que aquella de no poder hacer nada cuando por fin encontraste lo que tanto ansiabas.

    Y al tiempo, cuando la noche clareaba, decidiste irte, tal y como habías venido. Poco a poco cubriste tu desnudez, con aquella camisa, dejando entrar la falda antes, y provocándome nuevos intentos de decir tu nombre. Y sin más, me dijiste adios, con esa mirada que expresaba más que un libro. Porque es cierto, quien no comprende una mirada tampoco comprendera una explicación. Decidí dejar mis intentos. Gritar ya carecia de sentido. Sólo pensé que debía esperar.

    Jamás supe o sabré cuanto de realidad hubo en aquella noche. Podría haber sido un sueño y no me extrañaría, pues la mente nos puede jugar muchas malas pasadas. Sea lo que sea, habia mucho de ti. Nunca sabré si realmente te tumbaste en mi cama aquella noche, o si mi imaginacion alardeó más de la cuenta. Pero en realidad, no importa si la culpa es de mi mente o de tu cuerpo. Pensé que cuando encontrará aquello que tu mirada me suplicaba, te escribiría. Sin remite y sin dirección de envio, pero te escribiría. Lo he conseguido. Lo tengo. Lo que como tu bien sabías nunca podríamos tener juntos.


    Soy feliz.

    JesúsRPeinado

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    Total, no creo que ultimamente me quede satisfecho nunca... así, ¿para que escribir más de una vez el mismo texto, cuando la intención no cambia?

    Un saludo a todos. Y criticad, que tambien a veces hace falta.

    JesúsR
    December 18

    "Cuando cogi el bolígrafo, la mano me temblaba"

    Parte de la iniciativa
    CuentaCuentos


    Michel avanzaba por paso certero hacia su despacho de la calle cuarta de la capital, en la esquina con la novena. Al paso, dejaba ondular al aire la gabardina, doblada a la mitad en el brazo que sujetaba el maletín de quién sabe qué papeles. El día se perfilaba bello, aunque quizás algo gris para ser aun una mañana de primeros de septiembre. Un día bello u horrible, sin embargo, a Michel le parecía fuera de toda importancia, ya que solamente podría interesarle sol o lluvia en el breve trayecto de casa hasta la oficina. En el trecho, si no se le enrojecían los semáforos, tardaba no más de ocho minutos, como tenía calculado desde hacía seis años, en los que había trabajado y vivido en el mismo lugar. Como buen oficinista con cierto renombre, llevaba a rajatabla sus costumbres laborales, y a veces, cayendo en un estrepitoso error, también las no laborales.

     

    Su oficina personal estaba situada en la décima planta del edificio más alto de la zona y decorada con un gusto refinado, aunque más sobrio de lo que podría caberse esperar de un asesor financiero de clase. Con un jovencísimo secretario por todo recibimiento, la sala de espera, aunque sin muchas visitas, contaba con dos butacas y una pequeña mesa, casi de café.

     

    Michel se enfrentaba cada día al mundo de los ricos y de los pobres, el mundo de gente cuyo dinero debe tener un destino incierto. Recibía al día muy pocas visitas, tan sólo algún que otro colaborador, o algún cliente al que despachar con el desprecio de la experiencia y el hastío. Llevaba seis años en esa caja de zapatos, y cada caso era más parecido al anterior. Por tanto, ¿qué necesidad había de alargar los tramites y los convencimientos si siempre se terminaría haciendo caso al experto asesor financiero?

     

    Cuando un desfile de voces aparecían cada pocos minutos en su teléfono, el asesor se desesperaba. Él hacia su trabajo, su análisis de mercado y financiero, y sin embargo, una sarta de preguntas estúpidas aparecían en su auricular sin cesar. Con la profesionalidad, Michel había olvidado cómo era ponerse en el papel de sus clientes, y cómo era la sensación de tirar al vacío tus ahorros, tu dinero o a ti mismo porque un hombre te dice, que aunque tú no la veas, debajo hay una red que te sujetará. Había perdido su empatía al mismo ritmo que sus escrúpulos de profesión.

     

    Por eso, cuando un cliente marca su numero, y le dice, entre suspiros de nervios y tensión: “Michel, de verdad se lo digo, que yo iba convencido. Pero me juego mucho en este proyecto, y cuando cogí el bolígrafo, la mano me temblaba de tal forma que decidí dejarlo un rato para llamarle y que usted me diera de nuevo cierta seguridad de respaldo. Esta usted seguro de que esto es lo mejor, ¿verdad?”. A lo que Michel contestaba, sin pudor ni tacto, ni humanidad perdida o de paseo: “Veamos… En mis notas tengo apuntado que usted ya me ha pagado, ¿cierto? Pues entonces, ha dejado de ser mi problema. Buen día”.


    Por Jesús R Peinado Vergara

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    No me convencé el escrito, pero es lo que mis dedos querían dar hoy. Buen día, y buen provecho.
    December 16

    Temblor


    La posibilidad de haber notado
     un temblor en tus manos,
     mientras me abrazadas de soslayo,
     me lleva atormentando desde el principio de la noche.
     Ese leve movimiento, quizás de frío,
    quizás de miedo ó quizás por emoción,
    me hace pensar mas de lo debido.

    Pudiera ser casualidad,
    o puede que fuera simple imaginación,
    pero el caso es que demuestro que me niego
     a renunciar a la idea de que temblabas por mi.


    Porque a veces las dudas son más que simples posibilidades.

    jesusrpeinado
    December 12

    Exigencias



    Yo pido, exijo y encargo
    que abandone mis labios
    el maldito sabor amargo.

    El gusto de miel que,
    tan pronto es dulce,
    como se torna agrio.

    El abrazo que a poco
    eriza el vello de la nuca
    y que acelera el pulso.

    El movimiento inocente
    de la mano que rodea
    y que acaricia la frente.

    Yo pido, exijo y encargo
    que abandone mis labios
    el maldito sabor amargo.

    Que tu sabor, de tus labios,
    se me revele alguna vez
    en confusa pluralidad.

    Que cuando te acercas,
    dulce como la miel.
    Que cuando te alejas,
    amarga como el café.



    Que prefiero arrepentirme del pecado,
    a lamentar la virtud y el pensamiento.




    JesúsRPeinado
    December 06

    Ahora que lo pienso


    ¿Acaso sabes lo que provocas?


    ¿Crees que conoces la sensación?


    ¿Te falla la voz tal como la mia desaparece?


    ¿Tu piel enrojece en calor espontáneo?


    ¿Tiemblas como yo tiemblo?


    ¿Notas vacío en tu mente?


    ¿Entiendes lo que me haces?


    ¿Comprendes lo que digo?


    Tu Imagen. La provocación más absoluta.



    Creo que aun no lo entendiste.           
    Supongo que demostrarlo es mi tarea.
    Espero que entenderlo sea la tuya.     



    JesúsRPeinado


    December 02

    eCo


    Tengo miedo a las alturas
    si tus brazos no me rodean.

    Tengo miedo a las alturas
    y no en un rascacielos.

    La agorafobia me oprime
    si tu aliento no me acaricia.

    Si mi oido no te nota cerca
    el espacio es demasiado grande.

    Un miedo escénico en un punto
    es un miedo a existir si tú no estás.

    Un verso tan roto, sin rima ni metro,
    es una poesía cuando la entonas.

    Una cara tan linda, unos ojos profundos,
    no son nada si tú no me esperas.

    No huyas, no te escapes.
    Ando es búsqueda constante.
    De tus manos.
    De tus dedos.
    De tu aliento.
    De ti.
    Eco.





    _______________________________________________

    agorafobia: miedo irracional
    a los espacios abiertos


    eco: reflejo del sonido provocado
    por el vacio y la distancia
    No dudo.
    Lo sé.

    Jesús R Peinado Vergara